sopotocientos

Ficciones, digresiones, desahogos y lo que surja

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.

Resumen

Back

Sigo leyendo a mi adorado Roberto Bolaño, y nada más que a Bolaño. Desde octubre, o desde septiembre, no recuerdo, lo único que he leído de otros autores ha sido la nueva novela de García Márquez, Memoria de mis putas tristes, y algún cuento de Uslar Pietri que siempre viene bien retomar (Lluvia, por ejemplo, que es una verdadera maravilla). La novela de García Márquez está muy bien escrita, eso es indudable, pero no me gustó. Al menos no del todo. Hay una cantidad de detalles visuales que son una delicia: la casa del protagonista, la habitación del burdel donde este se deleita contemplando a la prostituta-niña durmiendo desnuda, en fin. Esos detalles son una delicia, pero no me creí la historia. Y si no te crees la historia, de nada vale cualquier esfuerzo por darle vida.

En cambio, Bolaño. Estoy enfrascada en 2666, su novela póstuma, que es todo un universo. Mientras más leo a Bolaño más lo admiro. Su incansable capacidad de trabajo y sobretodo su pasión sin límites por la literatura, y esa testarudez por conseguir la frase, el párrafo, la página perfecta, me parecen envidiables. ¡Yo quiero ser como Bolaño!

Mi nueva adquisición es Entre paréntesis, un libro que recopila textos publicados por Bolaño en varios periódicos, así como conferencias y una entrevista. Lo que no sé es qué voy a hacer cuando termine de leerlo todo. Qué lástima haberlo descubierto tan tarde.
17/01/2005 13:12 Enlaza este artículo. Tema: Voy leyendo Hay 1 comentario.

Despedidas

Hay quien contaría su vida en términos de éxitos y fracasos. Hay quien lo haría en términos de amores, o de posesiones, o de logros, o incluso de libros leídos (como Borges). Yo lo haría en términos de despedidas en aeropuertos.

A veces soy yo la que se va, a veces son personas queridas. Últimamente esa es la tendencia. Primero fue la Comadre, en octubre. Me dejó la sensación de que no la pude disfrutar lo suficiente, de que los días se habían ido muy rápido. Hacía más de dos años que no la veía (el tiempo que tengo sin ir a Caracas), y nuestro encuentro transcurrió como si nunca nos hubiéramos despedido. Sólo me di cuenta del tiempo que habíamos estado sin vernos cuando nos dimos el abrazo final en el aeropuerto de Madrid, ese lugar que conozco tan bien y que no sé si adoro o detesto, antes de que la Comadre tomara el avión de vuelta a esa ciudad en la que no vivo desde hace siete años, siete.

Hace unos días se fueron Virginia y Juan, mi hermana y mi cuñado, que vinieron a pasar la Navidad con nosotros. Al principio, los ves en un contexto que no es el habitual (Madrid) y algo no te cuadra. Pero luego te vas acostumbrando a su presencia y tenerlos aquí es como unir tus dos mundos y te preguntas cómo has podido estar sin ellos tanto tiempo. Y entonces se acaban los días y se van. Y otra vez tienes que acostumbrarte a Madrid sin ellos.

Y con cada despedida hay un pequeño desgarro. Siento que voy dejando migajitas de mí misma aquí y allá. Siempre hay algo que me falta. Será el precio de vivir lejos... pero fui yo quien lo quiso así. En fin.

Si cuento mi vida en despedidas, la conclusión a la que llego es que mi vida ha sido larga. Pero si la veo en términos estrictamente cronológicos, me doy cuenta de que tampoco lo ha sido tanto (¿verdad? ¿Qué son 33 años a fin de cuentas? Nada). Lo que significa que hay una diferencia abismal entre lo vivido y el tiempo en que se mide. Lo que significa que la edad es relativa. Lo que significa que me estoy yendo por las ramas cuando en realidad lo que quería era hablar de despedidas.

Me haces falta, Virgi.
18/01/2005 20:52 Enlaza este artículo. Tema: Día a Día Hay 1 comentario.

Appelfeld

appelfeld.gifLeo en el suplemento cultural de El País un artículo sobre el escritor judío Aharon Appelfeld (Czernowitz, Rumania, 1932), que se salvó del Holocausto gracias a que permaneció escondido en un bosque desde los diez hasta los trece años de edad.

Esto me lleva en pensar en aquella idea que esbocé en mi post anterior, en donde decía que la edad cronológica no tiene nada que ver con la edad que aportan las vivencias. Appelfeld, a los trece años, había vivido una vida muy larga.

Se cumplen sesenta años del Holocausto. Se han escrito muchos libros sobre el tema, muchos artículos, se han hecho muchas películas, pero todo lo que se diga es poco. En esta época de odios (¿pero cuándo no ha sido una época de odios?), conviene más que nunca recordar las atrocidades que vivieron millones de personas, porque como dice Appelfeld, "lo que ha ocurrido una vez puede volver a ocurrir". El peligro seguirá latente mientras sigamos considerando al otro, precisamente, "otro", es decir, diferente, y nos sintamos amenazados por esa diferencia. ¿Y en qué radica la diferencia? ¿En que pensamos distinto? ¿En que creemos en cosas distintas? ¿En que experimentamos la vida de otra forma? Yo lo único que sé es que todos, sin excepción, respiramos el mismo aire.

No he leído a Appelfeld, pero desde luego es el siguiente en mi lista, cuando acabe con Bolaño.
23/01/2005 21:34 Enlaza este artículo. Tema: Día a Día No hay comentarios. Comentar.




Temas

Archivos

Enlaces

Page copy protected against web site content infringement by Copyscape

Enero 2005 | sopotocientos
Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]