sopotocientos

Ficciones, digresiones, desahogos y lo que surja

Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.

Resumen

¿Quién carrizo me manda?

No quisiera presumir, pero la verdad es que soy una persona muy inteligente y astuta. El problema es que utilizo esas cualidades en lo que no debería. Una de mis habilidades más recientemente descubiertas es la de escaquearme para no escribir cuando me acerco a terrenos peligrosos. Es automático. Apenas me estoy acercando a una escena de la novela que me compromete, asusta, amenaza o duele, o que simplemente no sé cómo encarar, automáticamente me invento una excusa para levantarme y no seguir escribiendo. De pronto me entra un hambre atroz, o me duele la cabeza, o recuerdo que es urgente que ponga la lavadora. Me dan unas ganas terribles de hablar por teléfono con mi mamá, me acuerdo de alguna amiga de la que hace tiempo no sé nada y me parece que me voy a morir si no la llamo en el acto. O me entra una necesidad imperiosa y urgente de limpiar la cocina (habráse visto). Me acuerdo de que no tengo frutas y me digo que sin frutas no puedo vivir, por lo que se hace absolutamente vital bajar en el acto a la frutería. O, la técnica más reciente, me entra un sueño incontrolable y de pronto me encuentro incapaz de seguir escribiendo sin que se me cierren los ojos. Incluso a veces hasta me mareo, y mareada no puedo escribir, desde luego. Mis formas de manipularme a mí misma no tienen fin, y cada vez son más sofisticadas. Ayer me dije que no me levantaría de mi escritorio bajo ningún pretexto antes de que hubiera terminado (terminado de verdad, me refiero, no después de escribir un solo párrafo). El resultado fue que escribí durante media hora y el resto del tiempo lo pasé allí, frente a la pantalla, recreándome en la inmensa tristeza que me daba pensar que algún día terminaría la novela y tendría que despedirme de mis personajes. Estoy que no me soporto, la verdad. Ando con las emociones revueltas, una ansiedad perenne y la cabeza llena de dudas. Aún así persisto. No sé por qué. Supongo que por pura terquedad.
07/10/2005 14:01 Enlaza este artículo. Tema: Día a Día Hay 3 comentarios.

La fuerza de tu querer

Naturaleza-Flor-02.jpgEstoy haciendo un curso online de coaching para escritores. Un coach no te ayuda con el aspecto estructural de la escritura, no necesariamente tiene que leer lo que escribes. Más bien te ayuda con todo lo demás -que es muchísimo. Te ayuda a escribir de manera regular y durante mucho más tiempo, a vencer tus dudas y miedos, bloqueos y resistencia. Te apoya durante el proceso creativo y a la hora de salir a vender tu obra. En fin, es un entrenador personal para la vida de escritor. La idea del curso es poder ayudar a los demás pero sobre todo a uno mismo, que es la razón por la que lo estoy haciendo: para ser mi propio coach.

La semana pasada trabajamos sobre los distintos aspectos de la personalidad que un escritor debe fomentar. Eric, el instructor, nos envió una lista de nada menos que 75 cualidades. De ellas, había que elegir una para trabajarla durante la semana. Yo elegí la confianza en mí misma, porque me pareció que esa cualidad incluía muchas otras: asertividad, por ejemplo, resistencia, etc. Fue una semana bastante reveladora.

Esta semana hemos estando trabajando sobre la cualidad fundamental, el pilar que sustenta una vida de escritor, y en realidad cualquier tipo de vida: las ganas. Suena tan sencillo y tan evidente que al menos yo lo he pasado por alto muchas veces. Las ganas de crear un mundo. Las ganas, el deseo, es algo fluctuante: a veces está arriba -sobre todo cuando el trabajo va bien, cuando estamos contentos con lo que escribimos, o cuando alguien nos elogia- y a veces está abajo -cuando odiamos lo que hemos escrito, cuando las cosas no fluyen, cuando recibimos una mala crítica. La clave está en volver a hacer aflorar las ganas, en hacer que crezcan, en no descuidar el deseo. Igual que al hacer el amor.

He descubierto que mientras más escribo, más ganas tengo de escribir. En el momento en que lo dejo, las ganas se mueren como una planta sin agua. Entonces algo empieza a fallar. Hay una incomodidad existencial, una sensación de que algo no está bien, una inquietud, y empieza a aparecer mi instinto asesino. Es como una bestia que han dejado libre de pronto. Tímidamente asoma el hocico, olfatea, y se lleva por delante algo sencillo y cotidiano, digamos una cita. Después va cogiendo confianza y empieza a lanzar comentarios hirientes, primero contra sí misma y luego contra los demás, que se alejan por instinto de supervivencia. Ella los ve alejarse y lanza improperios. Y poco a poco empieza a arrasar con todo. Entonces, aterrada, empiezo a preguntarme qué es lo que está mal, pero se me pasa por alto que lo único que está mal es algo muy sencillo. Simplemente, no estoy escribiendo. Por lo tanto, no hay que dejar de escribir, por mi bien y el de los demás. No hay que dejar que mueran las ganas.

De mis tiempos de teatrera universitaria (años ha), me quedé para siempre con una frase: "la fuerza de tu querer". La fuerza de tu querer es aquello que le imprime vida a todo lo que haces. Es ese soplo que distingue la mirada apagada de quien ya no espera nada, de la mirada despierta y brillante de quien no ha dejado morir las ganas. La fuerza de mi querer es la que me hace acudir todos los días, sin importar mi estado de ánimo o mi nivel de energía, a mi cita conmigo misma y con mis personajes. Hay días buenos, y días malos, pero yo me aparezco. La fuerza del querer es sumamente poderosa. Yo creo que es el origen de la vida, ni más ni menos.
22/10/2005 11:39 Enlaza este artículo. Tema: Día a Día Hay 2 comentarios.




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Octubre 2005 | sopotocientos
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