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Ficciones, digresiones, desahogos y lo que surja

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.

Resumen

Nueva York

BrooklynD.jpgNueva York sabe a café latte. El café latte es como el capuchino, pero con más leche, y lo compres donde lo compres, está disponible en tres tamaños: grande, extra grande y gigante. En Nueva York, lo único pequeño es uno mismo. Sobre todo la primera vez que vas a Times Square. Si uno nunca ha estado en Times Square, no conoce la verdadera talla del ser, que es mínima.

En verano el calor es pegajoso y húmedo, pero hay que llevar un suéter a todas partes porque el aire acondicionado lo ponen a tope. No sabría decir si pasé más calor o más frío. Incluso me dio gripe. Pero hasta tener gripe en Nueva York tiene su encanto. Basta con ir a Brooklyn y pasear por el Promenade para que uno se sienta como un personaje de película. La gripe, o lo que sea, parece de celuloide. Yo no sé si los neoyorquinos tienen esa conciencia de ser personajes de película, o si se trata de un privilegio exclusivo de los visitantes. Yo creo que es más lo segundo: alguna ventaja teníamos que tener los que no tuvimos la fortuna de nacer allí. A ratos uno se siente como si estuviera paseando por una película de Woody Allen, y cuando menos te lo esperas, el escenario cambia y te encuentras en un videoclip de U2. Una maravilla.

Hay que ir a Nueva York. Hay que perderse por sus calles. Hay que cruzarse con todo tipo de personajes y escuchar todos los idiomas del mundo. No hay que conformarse con las películas. Hay que dejar que se te meta por dentro como un pequeño parásito, que se quede allí para siempre. Hay que ser un poco masoquista para querer tanto a esta ciudad. O no. Todo depende. Todo cabe.

(No puedo dejar de mencionar la Zona 0, sobre todo por estas fechas. Sólo puedo decir que sobre ella pesa el aire. Es una sensación que se empieza a sentir a medida que uno se aproxima: algo empieza a removerse por dentro, cuesta respirar. La gente guarda silencio, a excepción de algún turista aislado que no puede evitar el impulso de salir en la foto. En las rejas cuelgan letreros pidiendo respeto.

En una maravillosa librería de libros usados, en Brooklyn, un lugar mágico de donde no habría que salir nunca, nos pusimos a conversar con el dueño. Cuando le dijimos que vivíamos en Madrid, nos dio "sus condolencias" por los atentados de Atocha el año pasado. "Soy de Nueva York," dijo, "así que yo también sé lo que se siente." Aquello me sorprendió. A pesar de que vivo muy cerca de Atocha y yo misma pude haber estado allí, hace rato que se me olvidó aquello. Ninguno de los míos resultó afectado; la vida sigue. Pero no hay que olvidar. Tampoco obsesionarse, y mucho menos con la idea del "enemigo": mientras siga habiendo bandos habrá muerte. Pero no, no hay que olvidar).
13/09/2005 19:42 Enlaza este artículo. Tema: Día a Día Hay 2 comentarios.

Digresiones de principios de otoño

Resulta que mi blog ya cumplió un año y ni cuenta me di. Uno va por la vida así, de aquí para allá, y los días se suceden y pasan los meses y los años y uno sigue con la misma carrera. En fin. El asunto es que ya hace un año que empecé este experimento, y sigue siendo un experimento. Básicamente.

El verano ya da paso al otoño y la luz empieza a cambiar. Todo empieza otra vez. La semana que viene comienzan mis clases, lo que significa que hay que volver al madrugón. Nuevo año académico, nuevos alumnos. A ver quién toca esta vez.

Este año, sin embargo, las cosas van a ser un poco distintas. He establecido prioridades y he decidido que voy a ordenar mi vida en torno a la escritura. Es fácil decirlo, pero no ha sido nada fácil llegar a esta decisión. En primer lugar, porque nunca me he tomado demasiado en serio como escritora, y en segundo lugar, porque pensaba que era imposible. Pero, he decidido ser valiente y darle a la escritura el lugar que le corresponde. Se acabó el robar tiempo para escribir. Afortunadamente, ser profesora de inglés en empresas es una gran ventaja porque uno se hace su propio horario, y he decidido no trabajar después de las 4 de la tarde. Es verdad que a veces se hace cuesta arriba, los alumnos cancelan las clases y no las cobro, se ponen pesados, se me agotan las ideas, no encuentro materiales que valgan la pena, los autobuses siempre van llenos y la cantidad de libros, carpetas, cassettes y afines que tengo que llevar de aquí para allá me destroza la espalda, PERO... tengo tiempo para escribir, y no gano mal. Qué mas puedo pedir.

De manera que ahora la prioridad absoluta es la novela. Llevo 84 páginas. Hay días que fluye y días que no. Hay días que la adoro y días que la detesto. Hay días y días, pero yo, contra todo pronóstico, me aparezco y sigo trabajando. Yo misma me asombro. No parezco yo.
22/09/2005 22:18 Enlaza este artículo. Tema: Ficción Hay 1 comentario.

El tiempo pasa

ciguena.gif(Después de preguntarme durante varios días si podría volver a acceder a mi blog en algún momento o si tendría que despedirme definitivamente de él, aprovecho este momento de tranquilidad laboral para postear, porque no sé cuándo Blogia me volverá a dejar hacerlo).

Voy a ser tía por primera vez. Parece que fue ayer cuando mi hermana y yo compartíamos el cuarto en casa de mis papás, y ahora va a tener un bebé. Tanto ella como yo queríamos tener nuestra propia habitación, pero no la tuvimos nunca. En realidad Virgi sí la tuvo, cuando yo me casé y le dejé el cuarto a ella, pero de eso hablaré después. El hecho es que no es una tontería compartir el mismo cuarto con la misma persona durante 23 años.

Yo, personalmente, siempre he sido muy territorial. Ya que no podía tener un cuarto para mí sola, marcaba mi propio territorio en el cuarto que compartía con Virginia: mi escritorio, mi silla, mi cama. Por eso no podía soportar cosas como que Virginia dejara las toallas húmedas sobre mi cama, por ejemplo. Si se acuerdan del demonio de Tazmania, eso da más o menos una idea de cómo me ponía. El tiempo y la experiencia me han aplacado, pero reconozco que podía llegar a ser terrrible. Virgi, en cambio, no entendía esos arranques míos. Para ella era igual dejar la toalla sobre mi cama que sobre la suya o en cualquier otro lugar, esas cosas no tenían la más mínima importancia. Muchas veces nos quedábamos hablando por la noche, con la luz apagada y desde nuestras respectivas camas. A veces hablábamos hasta muy tarde, y el despertador sonaba a las 6 pero nosotras seguíamos durmiendo, y tenía que venir mi papá dando palmadas y diciendo, "niñitas, colegio", y siempre llegábamos tarde, aunque el colegio quedaba a 10 minutos de mi casa.

Quizá por ser tan distintas y estar condenadas a compartir el mismo espacio hubo un tiempo en el que estuvimos a años luz de distancia, aunque durmiéramos a pocos metros. Virginia estudiaba odontología y yo, comunicación social. Ella dejaba por ahí sus dientes y otras asquerosidades, yo guardaba pulcramente mi cámara y mi carpeta de poemas bajo llave. Cuando me tocó terminar la tesis, Virginia no tuvo ningún reparo en cedernos el cuarto a mí y a mi compañera para que trabajáramos toda la noche (y todo el día) mientras ella dormía en la sala. Lo hizo con la misma generosidad y el mismo desprendimiento que siempre tuvo. Yo no hubiese podido dejar que invadieran mi espacio de esa forma. La verdad es que yo era odiosa, ahora que lo pienso. A lo mejor todavía lo soy y no me he dado cuenta.

Por eso, cuando finalmente me fui, dejándole a Virgi todo el espacio del mundo para que abandonara las toallas donde ella quisiera, pensé que para ella sería un alivio. Pero nunca voy a olvidar el llanto de Virgi la primera vez que fue a visitarme a mi nueva casa, todavía sin muebles. Al despedirnos en la puerta se colgó de mis hombros y me dijo que no quería volver a nuestro cuarto si yo no estaba. En ese momento me di cuenta de que toda nuestra relación de hermanas había estado plagada de malentendidos e incomprensión. Hasta muy poco siguió estándolo, pero yo creo que el tiempo y la madurez los han ido diluyendo. Y eso no es cualquier cosa para dos hermanas que compartieron el mismo cuarto durante tanto tiempo, y que ahora viven con un océano de por medio.

Y ahora, cuando mi reloj biológico hace años que empezó a dar la voz de alarma (el tiempo pasa, el tiempo pasa, el tiempo pasa), mi hermanita va a tener un bebé. La misma que hasta hace poco sólo me llamaba cuando tenía un problema (cosa que al principio me molestaba pero a la larga empecé a agradecer), a veces esquiva y a veces accesible, pero siempre entrañablemente linda, ahora se me adelanta por primera vez --porque siempre he sido yo, la mayor, la primera en vivir las cosas: el primer beso, el primer viaje sola, el primer gran desencanto... Yo siempre la voz de la experiencia, y mi hermanita llamando para contarme sus cosas porque yo ya había pasado por eso... Es tan grande que ahora vaya a ser al revés. Y va a ser tan grande cargar a esa criaturita, tan grande que todavía no me lo creo. En realidad me parece que no lo puedo poner en palabras, así que para qué decir más.
30/09/2005 13:40 Enlaza este artículo. Tema: Día a Día Hay 1 comentario.




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Septiembre 2005 | sopotocientos
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