sopotocientosFicciones, digresiones, desahogos y lo que surja |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Poesía. Gaviotas de AzogueHace algunas semanas me reuní con mis amigos contadores de cuentos para celebrar junto con Francisco Garzón Céspedes su cumpleaños número 60. Estuvimos en el Café Ruiz, un sitio precioso, y como es de esperarse en una reunión de narradores, hicimos mucho ruido. Francisco nos pidió a cada uno de nosotros que le regaláramos dos palabras en un sobre cerrado, cosa que fue muy difícil, porque uno a Francisco le regalaría no dos palabras sino un diccionario completo. El momento cumbre de la noche fue cuando Francisco nos leyó su excelente Trilogía del Amor, que incluyo en este post y que abre la colección Gaviotas de Azogue, creada para difundir de manera impresa y por Internet textos breves, contemporáneos o antiguos, "elegidos por su excelencia y trascendencia", como se explica en el mensaje que acompaña a la primera entrega (tengo además la gran alegría de haber sido incluida en el número tres, con mi serie de cuentos hiperbreves Amores). Aquí les dejo los poemas de Garzón. Estoy segura de que los disfrutarán tanto como yo.
(Para más información sobre la colección Gaviotas de Azogue, pueden enviar un correo a gaviotasdeazogue@gmail.com). 06/08/2007 18:13 Autor: Vivian Watson. Enlaza este artículo. Tema: Poesía No hay comentarios. Comentar. MozartCada una de mis células danza al unísono. La música tiene tacto y color, se mueve en ondas luminosas. La respiro, la absorbo por cada uno de mis poros, danzando luz en mis entrañas. Me diluyo. Ya no hay oyente. No hay objeto ni sujeto. Tan solo un mismo destello. PresenciaEntré en tu cuarto pocos días después de tu muerte. Tu cobija a cuadros rojos estaba cuidadosamente doblada sobre tu cama. Me envolví en ella y me senté en el piso. Olía a ti: una mezcla de tu perfume medicina jabón talco orina tú tú en tus últimos días. Tu olor impregnó el cuarto tu cuarto con tus libros tu espejo tus cuadros llenándolo con tu presencia. Me quedé así, envuelta en ti, hasta que tu olor se disolvió y ya no pude tocarte. (R)1998 En CastelldefelsEste mar no es el mío: sus aguas, aunque tibias, no tienen el mismo color azul cristalino. Esta playa no tiene cocoteros ni uvas de mar, su arena no ofrece ningún consuelo al visitante que quiera guarecerse de la furia del sol. Este mar no es el de mi niñez. Me faltan los vendedores de empanadas, niños como yo, recorriendo la playa con cavas de anime blanco, ofreciendo de queso o carne las delicias que sus madres se habían levantado a preparar antes de que cantaran los gallos. Esta playa no es la misma por la que solía correr de niña, pero yo tampoco soy aquella niña. Un ser humano tiene muchas patrias. Hoy mi patria es mi vientre: me llevo a mí misma en las entrañas, en una gestación eterna. Es por eso que aunque este mar no sea mi mar, también puedo sentirlo mío, tan mío como esta patria portátil que arrastro conmigo, sin proponérmelo. (R)2003 El besoEl punto de unión entre el silencio y la palabra es como el horizonte contemplado desde el mar: una línea horizontal, perfecta, en donde convergen dos azules. Uno de ellos, sereno, absolutamente plácido, estable, uniforme. El otro, ondulante, sinuoso, cambiando de color con cada golpe de viento. Cielo y mar mantienen sus esencia mientras convergen en ese punto único: “el centro mismo del mundo giratorio”. Así el beso. Los amantes se encuentran de nuevo en el viejo acantilado, escenario de una despedida previa en la que ya estaba escrito el reencuentro. Una vorágine de mar y de sal estallando espuma contra las rocas: no así adentro, el mar interior está tranquilo, manso, sereno. La unión entre el silencio y la palabra marca el comienzo de algo nuevo, el nacimiento de una luz blanca, perfecta, fusión de todos los colores, cuando dos se hayan hecho uno. El punto de unión entre el silencio y la palabra es ese instante en el que las bocas se unen, una única esencia dividida pero sólo en apariencia: una única esencia al fin completa. (R)2000 |
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