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Los detectives salvajes

Los detectives salvajes Todavía voy por la mitad de este libro, pero es de esos que te enganchan desde el principio y ya no los puedes soltar más. A mí me recuerda muchísimo mi adolescencia, marcada por el amor a la poesía y la aventura. Se trata de un grupo de jóvenes poetas en el DF mexicano, pertenecientes a un ¿movimiento? ¿corriente? literaria que ellos han bautizado “realismo visceral”. En realidad, ninguno de los preceptos que ellos defienden aparece descrito en el libro, salvo el odio exacerbado a Octavio Paz. De resto, lo que tienen en común estos chicos es su juventud y su irreverencia.

La trama abarca veinte años y se desarrolla en muchos países distintos. Está narrada por una multitud de voces que aporta, cada una, un pedacito de la historia de esos dos personajes deliciosos, Ulises Lima y Arturo Belano, los detectives salvajes que van en busca de Cesárea Tinajero, poeta mexicana desaparecida en los años 20. El resultado es una serie de fragmentos que van construyendo el todo como si de un mosaico se tratara.

A mí me divierte muchísimo. Es como ir recogiendo migajitas de la historia, aquí y allá. No había leído nada de Roberto Bolaño, pero a partir de este libro (premios Herralde y Rómulo Gallegos, por cierto) voy a empezar a explorar a este autor.

Leo que Bolaño, como los personajes de su libro, también viajó por Latinoamérica y trabajó en multitud de oficios, hasta que pudo ganarse la vida gracias a los premios literarios. Pienso entonces en Virginia Woolf y en su habitación propia. Ella decía que para escribir hay que tener resuelto el tema económico, porque de otra manera las preocupaciones se interponen entre el escritor y el papel. Eso lo he vivido en carne propia. Pero entonces se me cruza Bolaño y me demuestra que eso no siempre es cierto. Me pregunto entonces cuál es el motor que lo lleva a uno a escribir, a enfrentarse día tras día con la página, a pesar de todo. Y concluyo: creo que la escritura en muchos casos se reduce a una cuestión de terquedad. Estoy hablando de mí, desde luego. Es como decir, vale, sí, es un poco loco esto de escribir pero lo hago porque me da la gana, y punto.
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