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Personajes y nostalgias

Personajes y nostalgias Días sin escribir porque he tenido la cabeza puesta en la búsqueda de trabajo. Ya conseguí, eso parece, y no está mal, así que ahora podré dedicar mi cabeza a otras cosas.

A pesar de no haber trabajado en la novela últimamente, me ronda en la cabeza la nueva historia, y por ahí sale Blanca, mi personaje, que está más viva que mucha gente con la que me topo por la calle. En mis idas y venidas por Madrid, en mis eternos viajes en metro y autobús, de un lugar a otro, tengo la oportunidad de observar a la gente. Me pregunto entonces cómo se movería Blanca entre ellos, y casi la veo entre la gente, aferrada a su bolso, intentando leer un libro a pesar de los empujones (creo que lo que está leyendo es Madame Bovary). Blanca trabaja en lo mismo que yo: es profesora de inglés. La diferencia es que ella lo odia y yo, a fuerza de repetir mil veces las mismas cosas, le he tomado cariño al trabajito: después de todo, es lo que me ha mantenido desde hace ya unos años. Atrás quedó mi flamante diploma de Comunicadora Social – pero eso cada vez duele menos. Lo mejor de dar clases es que tengo tiempo para hacer otras cosas, como por ejemplo pasarme un jueves por la mañana escribiendo. Por la ventana miro el cielo azulísimo, y me pregunto qué será de la vida de García Madero, el personaje de Los Detectives Salvajes (ya me acerco al final) que apareció al principio de la novela y no se le ha vuelto a ver. Curioso que en la segunda parte del libro, Los Testimonios, nadie lo mencione. En todo caso, ¡quién escribiera como Roberto Bolaño!

Noto que a medida que voy resolviendo cosas, la escritura se vuelve más fluida. Es como el agua de un río. Se me antoja fresca, y el sol brillando entre las hojas de los árboles. Cierro los ojos y casi estoy allí, en Sabas Nieves, cuando en vez de subir la cuesta de los amantes del ejercicio te metías por ese otro caminito que conducía a un riachuelo. Era sabroso mojar allí los pies. El paisaje era idílico, ¡y todo eso en medio de la ciudad! Esas son las cosas que tiene Caracas que no encuentras en ningún otro lado. (La nostalgia, de nuevo).

Esta mañana recibí un mail de mi comadre del alma. Dice que si todo sale bien, podría estar aquí el 3 de octubre. ¡El 3 de octubre! ¡No falta nada! Ya me veo recibiendo a la comadre en el aeropuerto, saboreando ese poquito de sol caribeño que sin duda se traerá con ella. Ojalá que venga. Será como unir Caracas y Madrid. Una vez más.
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