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sopotocientos

Yo quiero ser como Bolaño

A punto, casi, de terminar la monumental 2666, y mientras dilato el momento de acercarme al final porque me va a doler mucho despedirme de este libro, aunque siempre quedan las relecturas; leo la colección de ensayos y artículos de Roberto Bolaño, Entre paréntesis, que es como decir que entro al universo de este autor infinito, y me siento con él en una terraza a tomar un café. Después de estar sumergiéndome en su obra durante meses, siento a Bolaño como si fuera un viejo amigo, y me imagino las conversaciones que hubiéramos tenido frente a la playa de Blanes. No en todo estamos de acuerdo. Hay autores que él detesta (porque él era así, visceral) y que yo adoro. Pero lo que me subyuga es su afilada lucidez y su amor infinito por la literatura.

Algunas joyas sobre el exilio tomadas de este libro:

Para el escritor de verdad su única patria es su biblioteca, una biblioteca que puede estar en estanterías o dentro de su memoria. El político puede y debe sentir nostalgia, es difícil para un político medrar en el extranjero. El trabajador no puede ni debe sentir nostalgia: sus manos son su patria.

Exiliarse no es desaparecer sino empequeñecerse, ir reduciéndose lentamente o de manera vertiginosa hasta alcanzar la altura verdadera, la altura real del ser.

Probablemente todos, escritores y lectores, empezamos nuestro exilio, o al menos cierto tipo de exilio, al dejar atrás la infancia.

Y hablo sobre el exilio, en la voz de Bolaño, porque en un par de semanas viajo a Caracas, después de tres años sin ir. Y porque cada vez creo menos en el concepto de patria. Y en eso sí estoy de acuerdo con mi querido Bolaño.
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