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sopotocientos

A modo de explicación

El despertador suena a las 6:10 am pero casi siempre me quedo un rato más en la cama, alargando el momento de salir al frío de la sala, y después de escribir mis páginas de la mañana y de hacer el poquito de Chi Kung que me permite terminar de despertarme hasta de buen humor (sí, una maravilla, el Chi Kung), ya el día se me viene encima: el autobús, el metro, las clases, las traducciones esas aburridísimas con las que me gano la vida, más corredera, un par de esos chocolates de dieta que se supone que quitan el hambre aunque en realidad sólo la disfrazan durante un tiempo aproximado de treinta minutos y enseguida ya quieres comerte un caballo, pero que al menos sirven para que no te suene la barriga en medio de la clase de inglés con el gerente general de alguna empresa muy seria e importante, más clases, y de nuevo el autobús y una manzana y llegar a mi casa para empezar el trabajo no remunerado pero verdadero, ese que hago por pura terquedad, y luego llega Mariano y ya se acabó el día y todo empieza otra vez.

En pocas palabras: que estoy, pero a duras penas. Por eso hace tanto que no me aparezco por aquí. Mis disculpas a los que han seguido visitándome.

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