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"El Ingrediente Secreto", de Vanessa Montfort

"El Ingrediente Secreto", de Vanessa Montfort

Hace semanas que quiero escribir sobre esta gran novela, premio Ateneo Joven de Sevilla 2006, y ahora que me siento a hacerlo, no sé por dónde empezar. A lo mejor porque Vanessa es una nueva amiga, y me da un poco de pudor escribir sobre los amigos. Es mucho más fácil escribir sobre el texto de un desconocido que sobre el de alguien con cuyas buenas noticias te alegras sinceramente, y a quien, por cierto, debes una comida. Pero este libro me ha entusiasmado mucho, y como siempre que un libro me entusiasma, me siento en deuda y quiero compartirlo.

 

El Ingrediente Secreto es la historia de un viaje en dos dimensiones. Una de ellas se adentra hondo en el pasado de España, y la otra transcurre en el Madrid de 2004. Eva, la protagonista, regresa a la casa paterna después de una dolorosa ruptura. Se inician así una serie de conversaciones con su padre, Fernando, que poco a poco va desgranando su vida, revelándose ante ella en una narración desprovista de alardes y nada autocomplaciente: allí están sus caídas, sus errores, sus tropiezos, pero también su lucha por sobrevivir en una España resquebrajada y doliente, un pasado que se mezcla con el presente de Eva y que la prepara para la búsqueda de su propio ingrediente secreto: esa cosa única que es distinta para cada quien, y que le da sentido a nuestras vidas. Ambos tiempos se entretejen con gran maestría y creo que ese es uno de los grandes aciertos de esta novela en donde nada sobra y nada falta, llena de imágenes visualmente poderosas, inolvidables, de esas que, al dejar de leer, cierras los ojos y recreas: los huevos sobre los que Fernando muchacho aprende a escribir, por ejemplo, y sobre los que Fernando anciano escribe la palabra “gracias”, un hermosísimo acto de agradecimiento hacia la hija que le presta sus oídos; o el teatro en el que Eva trabaja para devolverle la vida después de restaurado, en el que se encuentran una serie de personajes inolvidables —qué mejor lugar para reunirlos que un escenario vacío, ese punto donde todo converge— y que luego se verá inundado por una mágica lluvia ámbar que completa el proceso alquímico iniciado por Eva al comienzo de la historia.

 

Una maravilla.

 

Nunca me ha gustado atribuirle categorías a las cosas —mi mente no funciona con tanta precisión— pero creo que estoy en edad de permitirme cierta manías, así que yo soy de las que dividen a los libros en dos clases, los que se leen una única vez, y se disfrutan o no; y aquellos destinados a la relectura: esos son los más sabrosos, los que siguen vivos cuando los cierras, y te acompañan, y de vez en cuando te preguntas qué será de la vida de tal o cual personaje y entonces abres el libro en cuestión y allí está de nuevo, y disfrutas su compañía con la misma intensidad que la primera vez. El Ingrediente Secreto se ubica sin duda entre estos últimos, y creo que va a seguir estando entre la pila inestable de libros que tengo en mi mesa de noche casi como si fueran amuletos, y que en realidad lo son.

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