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sopotocientos

Un rinconcito menos

Cada vez que viajo a Caracas llevo la maleta medio vacía para poderla llenar con los libros que sé que en España no voy a conseguir. Se está escribiendo tanto y tan bien en Venezuela que es un placer recorrer librerías y hablar con los libreros para saber qué ha salido nuevo y quién ha publicado qué, y luego volver a Madrid con la maleta llena de libros y hacerlos circular entre los amigos cercanos (los que sé que los devuelven, claro), porque lo más sabroso de descubrir buenos libros y buenos escritores es precisamente eso, compartirlos. Y más si son compatriotas. Por eso me tiene tan triste el cierre de la librería Monte Ávila, en el Teresa Carreño, del que supe por el blog de Juan Carlos Chirinos. Qué desolación. Esa librería ha sido siempre una parada obligada en mis visitas. Siempre me lleva --llevaba, tendré que acostumbrarme-- Alexis, mi indispensable amigo Alexis. Hemos pasado horas ahí, explorando los anaqueles, leyéndonos párrafos, comentando títulos, mientras Alexis me ayuda a elegir qué comprar, porque nunca puedo llevarme todo lo que quiero, claro. ¿Y ahora qué? Cada vez son menos los rincones de la ciudad que todavía siento míos. Supongo que es normal. Sólo espero que no se cumpla lo que aventura Chirinos en su artículo, aunque, como sabemos, en la Venezuela de Chávez todo es posible.
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2 comentarios

Vivian -

Ojalá que no pase mucho tiempo antes de esa próxima vez, mi querido Pepín Sputnik. Y la siguiente parada será Madrid, donde sabes que te espero.
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Pepín Sputnik -

Es cierto, Vivian: Los espacios se cierran justo como se abren, y quizás el trabajo de uno sea buscar los últimos. Constantemente.
Yo he buscado libros contigo, y acaso leído y vivido, también, y la fórmula no se remite únicamente a esa librería. Ya ese lugar permanece en mi memoria, y mi memoria es generosa con los ambientes.
Buscar libros contigo será el principio de algo hermoso y preciado, como es costumbre, así sea a la sombra de un puente o en una librería que descubrí hace poco, en Caracas, y que si bien no tiene piezas nuevas debe tener en sus anaqueles (casi no exagero) una primera edición de un evangelio apócrifo.
Te ofrezco ese viaje para la próxima vez que busquemos libros.
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