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sopotocientos

Los minicuentos del dictador: 2

Al dictador le encantaba mirarse al espejo. Se pasaba horas contemplándose, ensayando gestos, miradas. Se probaba sus trajes de marca, sus corbatas. Daba la mano a un personaje imaginario, la elevaba en el aire como cuando pronunciaba un discurso, la sacudía con énfasis para recalcar alguna de las ilustres verdades que salían de su boca. Tanto le gustaba al dictador mirarse al espejo, que mandó instalar un Salón de Espejos muy cerca del Dormitorio Presidencial, para entrar allí todas las mañanas, ya duchado y vestido, y ensayar las posturas y gestos que luego reproduciría ante las cámaras de televisión y los flashes de los fotógrafos, ese ejército que lo esperaba ansioso, emocionado, ardiendo en deseos de grabarlo a él, de fotografiarlo a él, sólo a él, a él, a él.
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3 comentarios

A do outro lado da xanela -

Gracias por el comentario!! Lo mismo digo, un placer pasarme por aquí siempre que pueda.

Saludos!

Mil Orillas -

Viv...qué buenos textos!

Me encanta cuando posteas ficción....

mmmm...ficción?

jaja

Te llamo...!

A do outro lado da xanela -

Hola!

Soy una novata en el mundo de los blogs, y saltando de uno a otro, buscando inspiración, he llegado hasta aquí, y nada más leer la primera línea comprendí que debía detener mi viaje y pasar unos minutos entre tus líneas.

Me ha encantado todo lo que he leído, sinceramente: buen blog.

Saludos!!
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