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Últimas tardes con Teresa

Últimas tardes con Teresa Hace una semana que terminé de leer este libro (por recomendación de Bolaño en su libro Entre paréntesis) y no he podido abandonar el fascinante mundo creado por Juan Marsé. Pocos libros se me han metido tan adentro como éste, la historia de Manolo Reyes, alias el Pijoaparte, un delicioso ladrón de motocicletas en la Barcelona de los 50, descarado y canalla, que se enamora de Teresa, una muchachita de la alta sociedad, estudiante de izquierdas, rebelde e idealista como sólo puede serlo quien lo tiene todo. El Pijoaparte ve en ella todo aquello a lo que él aspira, la comodidad y sobretodo el prestigio de una clase a la que él jamás podrá pertenecer. Teresa, en cambio, ve en el Pijoaparte a un rebelde como ella, pero uno de verdad: se hace a la idea de que Manolo es un obrero comprometido con la lucha política, y su mundo le parece lleno de colorido y brillo, en contraste con el mundo rígido, de ideas fijas, en el que vive su familia. Ambos aprenderán que las cosas no son lo que parecen, mientras todas aquellas proyecciones que el uno ha puesto en el otro casi se diluyen para dejar paso al verdadero yo, a la persona. En un momento del libro dice Marsé que Teresa todavía no se había dado cuenta de que había sido seducida por un hombre y no por una idea (cito de memoria porque no tengo el libro a mano). Yo creo que en realidad nunca llega a darse cuenta del todo. Está cerca de darse cuenta, ambos están cerca de tocarse el uno al otro, pero todo se trastoca cuando precisamente esa realidad, deslucida y cruel, juega su papel definitivo en las vidas de Manolo y de Teresa, devolviéndolos al lugar que les estaba destinado, porque no podía ser de otro modo.

Llegar al final de este libro es enfrentarse a un lúcido, pero para mí doloroso, retrato de la sociedad. Pocos personajes me han hecho sufrir tanto como el entrañable Pijoaparte. Quisiera poder imaginar un mundo en el que estas historias fueran posibles, pero ese mundo no existirá jamás.

A veces pienso que la lectura es para mí un placer masoquista. Sufro más con los personajes que amo que con la vida real. Sufrir así, con libros como este, es una verdadera delicia.
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