sopotocientosFicciones, digresiones, desahogos y lo que surja |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008. Mudanzas, de Eugenio Montejo![]() Mudanzas por el mar o por el tiempo,
Sabia Vida Sabia![]() Al fin tengo mi copia dedicada de Sabia Vida Savia (Edic. Amargord), el precioso libro con textos de María Gabriela Lovera e ilustraciones de Daniela Guglielmetti, talentosísimas ambas y con una creatividad que deslumbra ya desde la portada de este librito rojo, "Manual de irrealismo pragmático", que es en realidad cualquier cosa menos un simple librito. "Puede que sea un libro de niños para adultos, o puede que sea un libro de sueños para la vida diaria. A lo mejor es lo mismo." Así lo describe el prólogo de Pablo Fernández Christlieb, y no se me ocurre mejor introducción. Sumergirse en él es nadar por los vericuetos de los sueños, un antídoto contra autobuses atestados, despertadores y formularios y esas cosas odiosas que forman parte de la vida adulta. "Lo escrito se cuela por los bordes del libro/ hasta tu regazo,/ para que acaricies/ la tarde que dormita en su lomo", escribe Gabi con esa lucidez tan suya. Las ilustraciones de Daniela, sugerentes y misteriosas, no se quedan atrás. Para quienes estén por Madrid en estos días, la autoras están en la Feria del Libro, en la caseta 178 de Ediciones Amargord. Puede que hasta tengan la suerte de que les dediquen una copia, pero no les garantizo que la dedicatoria sea tan genial como la mía. Lo siento, pero no siempre tengo motivos tan acertados para presumir. Bang![]() Quién no se deprime en verano, había dicho la última vez que nos vimos, y no pude sino estar de acuerdo cuando la vi llegar por fin, jadeando, con aquella camiseta de tirantes que iba dejando al descubierto los pliegues blancuzcos de su panza, las carnes bamboleándose al ritmo de sus pasos presurosos mientras se acercaba, toda gestos y ojos y manos regordetas, balbuceando no sé qué tonterías mientras, desde mi rincón a 40 grados a la sombra, yo me dedicaba a odiarla por la demora y a secarme el sudor de la frente. Llegó hasta mí dando saltitos que hacían temblar aún más sus carnes blandengues y temí que se le escapara una teta, Dios Santísimo, cómo podía vestirse así, ¿acaso no se había visto en un espejo? Ella murmuró una disculpa y me entregó el sobre, está completo, dijo, puedes contarlo, y lo hice rápidamente, sin sacar los billetes, antes de guardarlo en el bolsillo del pantalón. Muy bien, respondí, podemos proceder entonces. Ella pareció dudar y yo me impacienté, pero qué importaba si cambiaba de idea, me dije, ya tengo el dinero, eso es lo que cuenta. Estaba a punto de soltarle que no tenía todo el día, debía atender otros encargos, cuando me miró resueltamente y dijo vamos. Le pregunté si prefería que le tapara los ojos, porque soy un profesional y me gusta hacer las cosas bien, pero se negó. Cuando le disparé, su piel estalló como un globo.
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